¿Tarjeta de crédito o débito? ¿Cuál te interesa más?

Tiempo de lectura: 8 minutos

La diferencia fundamental está en de dónde sale el dinero y cuándo lo pagas.

Tarjeta de débitoTarjeta de crédito
Dinero utilizadoSaldo de tu cuentaCrédito concedido por la entidad
Cuándo se pagaNormalmente, al realizar la operaciónSegún la modalidad de pago contratada
LímiteSaldo disponible y condiciones de la cuentaLímite de crédito concedido
¿Puedes gastar dinero prestado?NoSí
¿Permite pagar a plazos?No como funcionamiento habitualSí, según condiciones
¿Puede generar intereses?Normalmente noSí, si utilizas financiación
Riesgo de endeudamientoBajoMayor

La diferencia parece sencilla, pero hay un detalle importante:

Tener una tarjeta de crédito no significa necesariamente que tengas que pagar intereses.

Todo depende de cómo se utilice y de la modalidad de pago que tengas contratada.

Una tarjeta de débito está vinculada a una cuenta bancaria.

Cuando realizas una compra, el importe se carga normalmente en esa cuenta. Por tanto, el dinero que utilizas procede de tu propio saldo disponible.

Imagina que tienes 1.000 € en tu cuenta.

Compras un ordenador por 700 €.

Después de la compra, tendrás aproximadamente:

1.000 € − 700 € = 300 €

No has pedido dinero prestado para realizar la compra.

La principal ventaja es que facilita el control del gasto.

Puedes ver directamente cómo cada compra afecta al dinero disponible en tu cuenta.

Por eso, una tarjeta de débito puede ser especialmente interesante si quieres:

  • controlar mejor tus gastos;
  • evitar endeudarte;
  • gastar en función del dinero que tienes;
  • simplificar la gestión de tus finanzas.

Su principal limitación también es evidente:

no puedes utilizar una línea de crédito para financiar tus compras habituales.

Con una tarjeta de crédito, la entidad financiera te concede un límite de crédito. A diferencia del débito, aquí entra en juego una financiación; puedes entender sus bases en Intereses y crédito.

Por ejemplo, puedes tener un límite de:

3.000 €

Pero esos 3.000 € no son tuyos.

Es la cantidad máxima que la entidad permite utilizar mediante el crédito asociado a la tarjeta, de acuerdo con las condiciones contratadas.

Cuando utilizas la tarjeta, posteriormente tendrás que devolver el dinero utilizado.

Y aquí es donde debemos prestar atención a la modalidad de pago.

No necesariamente.

Una tarjeta de crédito puede permitir pagar todas las compras realizadas durante un periodo al finalizar el mismo. Dependiendo de las condiciones de la tarjeta, esta modalidad puede no generar intereses.

También puede permitir realizar pagos aplazados mediante cuotas.

En ese caso, estás utilizando financiación y pueden aplicarse intereses y otros costes.

Por eso, antes de utilizar una tarjeta de crédito conviene saber exactamente:

¿Cuándo y cómo voy a pagar lo que estoy comprando?

No te fijes únicamente en si la tarjeta es gratuita.

Comprueba la modalidad de pago, el tipo de interés, la TAE, las comisiones y el coste total de la financiación.

Aquí está uno de los errores más habituales.

Una tarjeta de crédito puede parecer muy cómoda cuando permite devolver una compra mediante una cuota mensual pequeña.

Imagina que compras algo por 1.000 € y decides devolverlo poco a poco.

Una cuota reducida puede parecer fácil de asumir.

Pero cuanto menor sea la cuota en relación con la deuda, más tiempo puedes tardar en devolverla y mayor puede ser el coste total de la financiación.

Por eso, no deberías fijarte únicamente en la cuota mensual.

La pregunta importante es:

Las tarjetas revolving merecen una atención especial.

En esta modalidad de crédito, la deuda se devuelve mediante cuotas y el crédito disponible se va regenerando a medida que se amortiza.

El problema puede aparecer cuando se establece una cuota demasiado baja.

Puedes estar pagando todos los meses y, sin embargo, tardar mucho tiempo en terminar de devolver la deuda.

Además, si vuelves a utilizar el crédito mientras todavía tienes una deuda pendiente, puedes aumentar nuevamente el importe que debes.

Por eso, antes de utilizar una tarjeta revolving es fundamental conocer:

  • el importe de la cuota;
  • el tipo de interés;
  • la TAE;
  • el plazo estimado de devolución;
  • el coste total del crédito;
  • qué ocurre si vuelves a utilizar la tarjeta.

Una tarjeta de crédito puede ser una herramienta útil si se utiliza correctamente.

Por ejemplo, puede tener sentido si:

  • tienes capacidad económica para afrontar tus compras;
  • conoces las condiciones de la tarjeta;
  • pagas habitualmente el saldo completo cuando esta modalidad está disponible;
  • quieres disponer de determinadas funcionalidades asociadas a una tarjeta de crédito;
  • utilizas el crédito como una herramienta puntual y no como una extensión permanente de tus ingresos.

La clave está en no confundir capacidad de crédito con capacidad económica.

Que el banco te permita gastar 3.000 € no significa que puedas permitirte gastar 3.000 €.

El débito puede ser especialmente interesante si tu prioridad es mantener un control sencillo sobre tus gastos.

Cada compra afecta directamente al dinero disponible en tu cuenta.

No necesitas recurrir a una línea de crédito para realizar tus compras habituales.

Puedes establecer una regla sencilla:

No es una regla universal, pero para muchas personas puede ser una herramienta muy eficaz de control financiero.

No existe una tarjeta que sea mejor para todo el mundo.

Pero sí podemos establecer una orientación bastante clara.

En ese caso, quizá el problema no sea elegir entre crédito y débito.

Puede ser necesario analizar por qué necesitas financiar tus gastos habituales.

Cuando utilizas una tarjeta, la operación puede parecer exactamente la misma.

Pero financieramente puede haber una gran diferencia.

Las cuatro situaciones pueden empezar de la misma manera:

acercando una tarjeta al datáfono.

Pero sus consecuencias para tus finanzas pueden ser muy diferentes.

No te fijes únicamente en si la tarjeta tiene una cuota anual gratuita.

Comprueba:

Y recuerda:

La ausencia de una comisión de emisión o mantenimiento no significa que utilizar el crédito sea gratuito.

Hay una regla sencilla que puede ayudarte a tomar mejores decisiones:

Antes de financiar una compra, pregúntate:

¿Podría pagarla con el dinero que tengo hoy?

Si la respuesta es sí, tienes más margen para decidir si utilizar el crédito aporta alguna ventaja.

Si la respuesta es no, conviene detenerse y analizar si realmente necesitas hacer esa compra ahora.

Porque una cosa es elegir cómo pagar y otra muy diferente es necesitar financiación para poder comprar.

Depende de tu situación y de cómo gestiones tu dinero. Antes de elegir, compara costes, condiciones y forma de pago; ese proceso lo desarrollamos en Compara y elige.

El débito te permite utilizar directamente el saldo disponible de tu cuenta y puede ayudarte a mantener un mayor control sobre tus gastos.

El crédito aporta más flexibilidad, pero también implica asumir una obligación de devolución.

Y cuando utilizas modalidades de pago aplazado, el coste puede aumentar considerablemente.

Por eso, antes de elegir una tarjeta, no preguntes solamente:

“¿Qué tarjeta me ofrece más?”

Pregunta también:

“¿Qué tarjeta me ayuda a gestionar mejor mi dinero?”

No existe una respuesta universal. El débito puede ser más adecuado si buscas controlar el gasto y evitar endeudarte. El crédito puede ser útil si entiendes sus condiciones y puedes devolver lo utilizado sin asumir una financiación que no necesitas.

No. Algunas tarjetas permiten pagar el total de las compras al final del periodo de liquidación sin intereses. Si eliges una modalidad de pago aplazado, pueden aplicarse intereses y otros costes.

Es una modalidad de crédito en la que la deuda se devuelve mediante cuotas y el crédito disponible se va regenerando a medida que se amortiza. Si la cuota es reducida, la devolución puede prolongarse durante mucho tiempo.

No como funcionamiento habitual de una tarjeta de débito. El pago aplazado es una modalidad propia del crédito, aunque una entidad puede ofrecer financiación adicional para determinadas compras.

La TAE es una medida que permite conocer de forma más completa el coste de una financiación, ya que tiene en cuenta el tipo de interés y determinados gastos y comisiones asociados al crédito.

No. Una tarjeta de crédito puede ser una herramienta útil si conoces sus condiciones y utilizas el crédito de forma responsable. El problema aparece cuando se utiliza de forma habitual para financiar gastos que no puedes asumir.

Débito y crédito no son buenos ni malos por sí mismos.

La diferencia está en cómo utilizas cada uno.

Si quieres mantener un control sencillo sobre tus gastos, el débito puede ser una buena opción.

Si utilizas una tarjeta de crédito, asegúrate de conocer sus condiciones y, especialmente, qué ocurre cuando eliges pagar a plazos.

Porque la pregunta más importante no es:

“¿Cuánto me permite gastar la tarjeta?”

Sino:

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1 comentario en «¿Tarjeta de crédito o débito? ¿Cuál te interesa más?»

  1. Buena información, sin duda un gran beneficio de las tarjetas de crédito es el pago en cuotas, por eso saqué la mía en Banrural por el buen crédito que brindan

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