Tipos de tarjetas bancarias: cuáles existen y cuál te interesa

Tiempo de lectura: 9 minutos

Benjamin Franklin

Una tarjeta es un instrumento que permite realizar pagos y, dependiendo de su modalidad, retirar efectivo o disponer de una línea de crédito. Por tanto, forma parte de los distintos medios de pago que conviene conocer antes de elegir cómo pagar.

Las tarjetas bancarias son emitidas por entidades financieras y pueden estar asociadas a una cuenta corriente o incorporar un límite de crédito.

Actualmente podemos encontrar tarjetas físicas y virtuales, de débito, crédito, prepago y diferentes modalidades de financiación.

Por eso, antes de contratar una tarjeta conviene hacerse una pregunta muy sencilla:

La respuesta determinará qué modalidad puede encajar mejor con tus necesidades.

Aunque existen numerosas denominaciones comerciales, podemos agrupar las principales tarjetas en varias categorías:

  1. Tarjetas de débito.
  2. Tarjetas de crédito.
  3. Tarjetas revolving o de pago aplazado.
  4. Tarjetas prepago o monedero.
  5. Tarjetas virtuales.
  6. Tarjetas híbridas o mixtas.
  7. Tarjetas de empresa.
  8. Tarjetas de fidelización y tarjetas de marca compartida.

Vamos a verlas una por una.

La tarjeta de débito está vinculada a una cuenta bancaria.

Cuando realizas una compra, el importe se carga directamente en la cuenta asociada. Por tanto, normalmente necesitas disponer de saldo suficiente para realizar la operación.

También puedes utilizarla para retirar efectivo en cajeros, dentro de los límites establecidos por la entidad.

  • El gasto se carga directamente en tu cuenta.
  • No estás utilizando una línea de crédito.
  • Facilitan el control del presupuesto disponible.
  • Son adecuadas para los gastos cotidianos.
  • Permiten realizar compras físicas y online.

Precisamente su funcionamiento puede ser una limitación si necesitas financiación temporal para realizar una compra.

Además, pueden existir comisiones por determinados servicios, como la retirada de efectivo en determinados cajeros.

El Banco de España señala que esta es una de las principales diferencias frente a las tarjetas de crédito: en la tarjeta de débito la operación se carga directamente en la cuenta asociada.

Una tarjeta de crédito permite realizar compras utilizando un límite de crédito previamente establecido por la entidad.

Eso significa que puedes realizar una compra aunque en ese momento no tengas ese importe disponible en tu cuenta, siempre dentro del límite concedido.

Pero hay una cuestión fundamental:

El dinero utilizado tendrás que devolverlo.

Las tarjetas de crédito pueden ofrecer diferentes formas de pago. Por ejemplo, puedes pagar el importe utilizado al finalizar el periodo de liquidación o elegir una modalidad de pago aplazado. Si utilizas financiación, es importante entender cómo funcionan los intereses y el crédito.

Y aquí es donde debes prestar especial atención.

El importe utilizado se carga normalmente en la cuenta en una fecha posterior, habitualmente una vez finalizado el periodo de liquidación.

En determinadas tarjetas, esta modalidad no genera intereses por las compras realizadas.

La deuda se devuelve mediante cuotas periódicas.

En este caso, normalmente se generan intereses y el coste de la financiación puede ser considerable.

Por eso, tener una tarjeta de crédito no significa necesariamente estar pagando intereses. Todo depende de las condiciones y de la modalidad de pago contratada.

Si quieres conocer con más detalle las diferencias entre crédito y débito, puedes consultar nuestro artículo:

[¿Es mejor una tarjeta de crédito o una de débito?]

Las tarjetas revolving son una modalidad de crédito que permite devolver las cantidades utilizadas mediante cuotas periódicas.

La característica fundamental es que el crédito se va renovando a medida que amortizas parte de la deuda.

Por ejemplo, imagina que dispones de un límite de 3.000 € y utilizas 1.000 €.

A medida que devuelves parte de esos 1.000 €, vuelves a disponer de crédito. Si vuelves a utilizar la tarjeta, la deuda aumenta nuevamente.

En que una cuota mensual reducida puede hacer que la deuda tarde mucho tiempo en desaparecer.

El Banco de España advierte de que, cuando la cuota es baja respecto a la deuda, una parte importante del pago puede destinarse a intereses y la amortización del capital puede prolongarse durante mucho tiempo.

Por eso, antes de contratar una tarjeta revolving debes conocer especialmente:

  • El tipo de interés.
  • La TAE.
  • La cuota mensual.
  • El plazo estimado de devolución.
  • Las comisiones.
  • Qué ocurre si vuelves a utilizar la tarjeta mientras estás pagando la deuda.

No confundas una cuota mensual pequeña con una financiación barata.

Si quieres profundizar en este producto, puedes consultar nuestro artículo específico sobre tarjetas revolving.

Las tarjetas prepago funcionan de una manera diferente.

Primero cargas una determinada cantidad de dinero y posteriormente puedes utilizarla para realizar pagos hasta agotar el saldo disponible.

Por ejemplo:

Cargas 300 € → dispones de 300 € → utilizas 80 € → te quedan 220 €.

Cuando se termina el saldo, tendrás que volver a recargarla si quieres seguir utilizándola.

Pueden resultar útiles cuando quieres establecer un límite concreto al gasto.

También pueden utilizarse para determinadas compras online o para controlar un presupuesto.

Su principal característica es que no permiten gastar más dinero del saldo disponible, salvo que las condiciones particulares de la tarjeta indiquen otra cosa.

El Banco de España las define como tarjetas cuyo uso queda limitado al importe previamente entregado o cargado.

Las tarjetas virtuales están diseñadas principalmente para realizar operaciones online.

No necesitan tener un soporte físico y normalmente permiten disponer de los datos de la tarjeta desde la aplicación o plataforma de la entidad.

Pueden ser especialmente útiles para realizar compras por internet sin utilizar directamente la tarjeta física asociada a nuestra cuenta.

Dependiendo de la entidad, pueden ser tarjetas virtuales de débito, crédito o prepago.

Algunas entidades permiten crear tarjetas virtuales específicas o modificar determinados datos de seguridad, lo que puede añadir una capa adicional de protección para determinadas compras online.

Pero recuerda:

Que una tarjeta sea virtual no significa automáticamente que sea gratuita ni que esté libre de riesgos.

Hay que revisar igualmente sus condiciones.

Existen tarjetas que combinan funcionalidades de débito y crédito.

Dependiendo de cómo se configure la operación, una misma tarjeta puede utilizar el saldo de la cuenta o el límite de crédito disponible.

El Banco de España recoge esta modalidad como una evolución de las tarjetas que permiten utilizar funciones de débito y crédito en un mismo producto.

Son cómodas porque permiten disponer de diferentes opciones en una única tarjeta.

Pero precisamente por eso debes tener muy claro:

¿Cuándo estás utilizando tu dinero y cuándo estás utilizando crédito?

Las tarjetas de empresa están destinadas a gestionar gastos relacionados con una actividad profesional o empresarial.

Pueden utilizarse, por ejemplo, para:

  • Viajes de trabajo.
  • Combustible.
  • Restaurantes.
  • Material.
  • Suscripciones.
  • Gastos de representación.

Una de sus principales ventajas es que permiten separar los gastos profesionales de los personales y facilitan su control.

Las condiciones dependerán de la entidad y del producto contratado.

También existen tarjetas asociadas a determinadas empresas, comercios, aerolíneas o programas de fidelización.

Las tarjetas de marca compartida —conocidas como co-branded— combinan la entidad financiera con una segunda marca y pueden ofrecer descuentos, puntos, ventajas o recompensas por determinadas compras.

Por otro lado, las tarjetas de fidelización no tienen necesariamente la función de medio de pago. Su objetivo principal puede ser acumular puntos, descuentos u otras ventajas.

Aquí conviene hacerse una pregunta:

¿La ventaja que obtengo compensa realmente el coste o el gasto adicional que realizo?

Un descuento no siempre significa ahorrar.

Tipo de tarjeta¿Utiliza tu dinero?¿Utiliza crédito?¿Permite aplazar?Uso habitual
DébitoSíNoNoGastos cotidianos
CréditoNo necesariamenteSíDepende de la modalidadCompras y financiación
RevolvingNoSíSíCrédito aplazado
PrepagoSí, saldo cargadoNoNoControl del gasto y compras
VirtualDependeDependeDependeCompras online
HíbridaSíSíDependeDébito + crédito
EmpresaDependeDependeDependeGastos profesionales
FidelizaciónNo necesariamenteNo necesariamenteNo necesariamentePuntos y descuentos

Importante: una misma tarjeta puede pertenecer a varias categorías. Por ejemplo, puede ser simultáneamente virtual y de débito, o de crédito y de marca compartida.

No existe una tarjeta universalmente adecuada para todo el mundo.

La elección dependerá de cómo gestionas tu dinero. Para valorar costes, condiciones y utilidad antes de contratar, puedes seguir el proceso de Compara y elige.

Una tarjeta de débito puede ayudarte a gastar únicamente el dinero disponible en tu cuenta.

Una tarjeta virtual puede ofrecerte comodidad y una capa adicional de seguridad, dependiendo de las funcionalidades de la entidad.

Una tarjeta prepago puede ser una herramienta interesante porque puedes limitar el dinero disponible.

Puede tener sentido cuando conoces perfectamente sus condiciones y utilizas una modalidad de pago que puedes asumir sin generar una deuda innecesaria.

Aquí debes analizar las condiciones con especial atención antes de contratarla. Una cuota aparentemente pequeña puede prolongar considerablemente la devolución de la deuda.

No te fijes únicamente en si la tarjeta es gratuita o en los descuentos que ofrece.

Antes de contratarla, revisa al menos estos puntos:

Comprueba si existe una cuota anual y si existen condiciones para que sea gratuita.

Especialmente importante en las tarjetas de crédito.

Comprueba si puedes pagar el total a final de mes y qué ocurre si eliges un pago aplazado.

Si existe financiación, no te quedes únicamente con el tipo de interés nominal.

La TAE te permite conocer mejor el coste efectivo de la financiación.

Comprueba las comisiones por:

  • Retirada de efectivo.
  • Cambio de divisa.
  • Transferencias.
  • Impagos.
  • Aplazamiento.
  • Renovación.

Comprueba los límites diarios y mensuales de compras y retiradas de efectivo.

Algunas tarjetas incluyen seguros de viaje, asistencia, descuentos o programas de puntos.

Pero calcula si realmente vas a utilizarlos.

Comprueba qué herramientas ofrece la entidad para:

  • Bloquear la tarjeta.
  • Activar y desactivar pagos online.
  • Recibir avisos de operaciones.
  • Establecer límites.
  • Detectar operaciones sospechosas.

El Banco de España recomienda conocer, entre otras cuestiones, las condiciones de pago, intereses, bloqueo de la tarjeta, reclamaciones por operaciones no autorizadas y posibles ventajas antes de contratarla.

La respuesta no depende de cuál tenga más ventajas.

Depende de cómo gestionas tu dinero y para qué quieres utilizarla.

Una persona que busca controlar sus gastos puede preferir una tarjeta de débito o prepago.

Otra que realiza compras online puede valorar una tarjeta virtual.

Y quien utilice una tarjeta de crédito puede beneficiarse de sus características siempre que conozca perfectamente las condiciones y pueda asumir los pagos.

Lo importante es no confundir comodidad con necesidad ni financiación con dinero disponible.

Y especialmente, antes de contratar cualquier tarjeta de pago aplazado, debes conocer cuánto vas a pagar realmente por utilizar ese crédito.

Si no puedes responder con claridad a estas cinco preguntas, probablemente todavía no conoces suficientemente bien el producto que estás a punto de contratar.

Conclusión

Las tarjetas son una herramienta muy útil para gestionar nuestros pagos, pero no todas funcionan igu

Información, no asesoramiento

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1 comentario en «Tipos de tarjetas bancarias: cuáles existen y cuál te interesa»

  1. He marcado su sitio en mis favoritos, y estoy añadiendo sus fuentes RSS a mi cuenta de Google.

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