Fondos de inversión: qué son y cómo funcionan

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Un fondo de inversión es un patrimonio formado por las aportaciones de muchas personas o entidades.

Cada inversor aporta su dinero al fondo y, con el patrimonio acumulado, se construye una cartera de inversiones.

Dependiendo de la estrategia del fondo, esa cartera puede estar formada por:

  • Acciones de empresas.
  • Bonos y otros instrumentos de renta fija.
  • Deuda pública.
  • Activos monetarios.
  • Inversiones internacionales.
  • O una combinación de diferentes activos.

Cuando inviertes en un fondo no estás comprando directamente cada una de esas inversiones.

Estás comprando participaciones del fondo.

Por tanto, tu dinero participa en la evolución de la cartera que tiene el fondo.

Imagina un fondo en el que participan miles de inversores.

Entre todos aportan 100 millones de euros.

La gestora utiliza ese patrimonio para construir una cartera siguiendo la estrategia establecida en el fondo.

Si el valor de esa cartera aumenta, el valor de las participaciones puede aumentar.

Si la cartera pierde valor, tus participaciones también pueden perderlo.

Por eso, una idea que conviene tener clara desde el principio es:

Un fondo de inversión no elimina el riesgo de invertir. Puede ayudarte a diversificar y a delegar la gestión, pero tu inversión puede subir o bajar.

Para entenderlo mejor, conviene conocer a los principales participantes.

Son las personas o entidades que invierten en el fondo.

Cuando realizas una inversión, adquieres un determinado número de participaciones.

Es la entidad encargada de gestionar el fondo.

Toma las decisiones de inversión siguiendo la política establecida: qué puede comprar, en qué mercados puede invertir, qué límites tiene y qué estrategia persigue.

Es la encargada de custodiar los activos del fondo y realizar determinadas funciones de control y supervisión.

Es el patrimonio colectivo en el que se encuentran las inversiones.

Cada inversor tiene una parte de ese patrimonio a través de sus participaciones.

Cuando inviertes en un fondo, no tienes que pensar solamente en «euros».

Tu inversión se representa mediante participaciones.

Imagina que un fondo tiene un valor liquidativo de 100 € y decides invertir 5.000 €.

Obtendrías:

5.000 € ÷ 100 € = 50 participaciones

Si posteriormente el valor liquidativo subiera a 110 €, tus 50 participaciones pasarían a valer:

50 × 110 € = 5.500 €

Pero si bajara a 90 €:

50 × 90 € = 4.500 €

La cantidad de participaciones no cambia por el hecho de que el fondo suba o baje.

Lo que cambia es su valor.

El valor liquidativo es, simplificando, el valor de cada participación del fondo.

Se calcula a partir del valor de los activos que forman la cartera, teniendo en cuenta los gastos y obligaciones correspondientes.

Es una cifra fundamental porque determina el valor de tus participaciones.

Por eso, cuando inviertes o reembolsas dinero de un fondo, el importe que recibes depende del valor liquidativo aplicable a la operación.

Aquí encontramos una de las diferencias más importantes entre fondos.

No todos invierten en lo mismo.

Un fondo puede centrarse principalmente en:

Bonos, deuda pública y otros instrumentos de deuda.

Acciones de empresas.

Instrumentos de muy corto plazo y elevada liquidez.

Por ejemplo:

  • España.
  • Europa.
  • Estados Unidos.
  • Asia.
  • Mercados emergentes.
  • Todo el mundo.

Por ejemplo:

  • Tecnología.
  • Salud.
  • Energía.
  • Inteligencia artificial.
  • Ciberseguridad.

Son los conocidos como fondos mixtos.

Aunque existen muchas categorías y estrategias diferentes, podemos empezar por una clasificación sencilla.

Invierten principalmente en activos de muy corto plazo.

Suelen presentar un nivel de riesgo inferior al de los fondos con una elevada exposición a acciones, aunque ninguna inversión está completamente exenta de riesgo.

Invierten principalmente en activos de deuda.

Su comportamiento depende de factores como los tipos de interés, la calidad crediticia de los emisores y el vencimiento de los activos.

No debemos confundir «renta fija» con «rentabilidad garantizada».

Un fondo de renta fija también puede perder valor.

Invierten principalmente en acciones.

Pueden ofrecer un mayor potencial de crecimiento a largo plazo, pero también experimentar caídas importantes.

Por ello, suelen requerir una mayor tolerancia a las fluctuaciones del mercado.

Combinan diferentes tipos de activos.

Por ejemplo, pueden combinar renta fija y renta variable.

La proporción entre ambos puede variar y determinará buena parte del comportamiento y del riesgo del fondo.

Su objetivo es replicar el comportamiento de un determinado índice.

Por ejemplo, un fondo puede tratar de seguir un índice compuesto por grandes empresas de Estados Unidos.

A diferencia de un fondo de gestión activa, el objetivo principal no es seleccionar inversiones para intentar superar al índice, sino reproducir su evolución con la mayor fidelidad posible, descontando los costes y las diferencias propias de la réplica.

Se concentran en determinados sectores, tendencias o áreas de inversión.

Pueden resultar atractivos porque permiten invertir en una temática concreta.

Pero esa especialización también puede implicar una mayor concentración y, por tanto, un riesgo superior al de una cartera mucho más diversificada.


Gestión activa y gestión indexada

Otra distinción importante es la forma en la que se gestiona el fondo.

Existe un equipo gestor que analiza el mercado y toma decisiones sobre qué activos comprar, mantener o vender.

Su objetivo puede ser, entre otros, superar la rentabilidad de un índice de referencia.

El fondo intenta replicar un índice determinado.

La gestión es más mecánica porque no pretende seleccionar continuamente las inversiones que considera que tendrán un mejor comportamiento, sino seguir la composición y evolución del índice.

No existe una respuesta universal.

Lo importante es comprender qué estrategia utiliza el fondo, qué costes tiene y cómo encaja con tus objetivos.

¿Un fondo de inversión puede perder dinero?

Sí.

Y esto es algo que deberías asumir antes de invertir.

Si inviertes 10.000 € y el fondo pierde un 20 %, el valor de tu inversión pasaría a ser aproximadamente:

8.000 €

Para recuperar los 10.000 € iniciales, posteriormente necesitarías una subida del 25 %.

Esto nos enseña algo importante:

Las pérdidas y las ganancias no son simétricas.

Por eso, cuando inviertes, no basta con preguntarte cuánto puedes ganar.

También debes preguntarte:

¿Cuánto estoy dispuesto a perder temporalmente sin abandonar mi estrategia?

Los fondos pueden aportar varias ventajas.

Puedes invertir indirectamente en una cartera formada por numerosos activos.

Gestión profesional

La cartera se gestiona siguiendo una estrategia determinada.

Puedes invertir en mercados internacionales o en determinados tipos de activos mediante un único producto.

Muchos fondos permiten realizar aportaciones periódicas, facilitando una estrategia de inversión progresiva.

Para determinadas personas puede resultar más sencillo mantener una cartera mediante uno o varios fondos que seleccionar y gestionar individualmente numerosos activos.

También existen aspectos que debes conocer.

La diversificación no elimina el riesgo.

Los fondos tienen gastos y comisiones que pueden reducir la rentabilidad final.

Dos fondos pueden pertenecer a la misma categoría y tener estrategias, carteras, costes y resultados muy diferentes.

Un fondo que ha obtenido buenos resultados anteriormente no tiene por qué repetirlos.

El nombre de un fondo puede resultar atractivo, pero eso no significa que conozcas realmente lo que contiene.


No exactamente.

Ambos pueden utilizarse para invertir de forma diversificada, pero presentan diferencias importantes.

Una de ellas es la forma en la que se negocian.

Los ETF cotizan en mercados y pueden comprarse y venderse durante la sesión como otros valores negociados.

Los fondos de inversión tradicionales tienen una operativa diferente y, en España, determinados fondos presentan además características fiscales específicas que pueden ser relevantes para el inversor.

Por eso, antes de decidir entre un fondo y un ETF conviene analizar:

  • Cómo funcionan.
  • Qué costes tienen.
  • Qué estrategia siguen.
  • Qué fiscalidad se aplica.
  • Qué facilidad de operativa necesitas.

Conocer qué es un fondo es solamente el primer paso.

Después tendrás que analizar si realmente encaja contigo.

Antes de elegir uno deberías conocer:

Tu objetivo

¿Por qué quieres invertir?

Tu plazo

¿Cuándo podrías necesitar el dinero?

Tu capacidad de ahorro

¿Cuánto puedes aportar sin comprometer tus finanzas?

Tu tolerancia al riesgo

¿Qué ocurriría si tu inversión cae un 20 %?

Los costes

¿Cuánto estás pagando por utilizar ese fondo?

La estrategia

¿En qué invierte realmente?

Un fondo de inversión permite reunir el dinero de muchos inversores para construir y gestionar una cartera de activos.

Puede ser una herramienta muy útil para invertir y construir patrimonio, pero no es una inversión sin riesgo ni existe un fondo perfecto para todo el mundo.

Antes de invertir, primero necesitas entender cómo funciona.

Y después tendrás que decidir si tiene sentido para ti.

No empieces buscando el fondo que más ha ganado. Empieza entendiendo qué necesitas tú de una inversión.

Una vez que entiendes cómo funcionan los fondos, llega una pregunta mucho más importante:

¿Merece la pena invertir en fondos de inversión?

En el siguiente artículo analizamos cuándo pueden tener sentido, qué deberías tener en cuenta antes de empezar y qué errores conviene evitar.

1 comentario en «Fondos de inversión: qué son y cómo funcionan»

  1. Una ventaja principal de los fondos de inversion es la diversificación ya que es posible repartir el dinero en diferentes productos con distintas características y riesgos.

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